Hipoteca multidivisa: la pesadilla

stock-photo-symbol-of-law-and-justice-81190930¿Habremos aprendido ya?. Seguimos confiando en sentarnos en la oficina de nuestro banco, delante del gestor, dejando que sugiera el mejor producto para nosotros, y nos venda las maravillas de un producto de la entidad. Se nos olvida, en cambio, que detrás de él hay mucho más: empezando por los objetivos que le fijan sus jefes; y pasando por el poco conocimiento que tienen de los productos que comercializan. Sin embargo, seguimos confiando, como si las preferentes no hubieran existido, la salida a bolsa de Bankia tampoco, las cláusulas suelo y en general las cláusulas abusivas, los productos derivados y tóxicos, … y un largo etcétera. Nosotros, erre que erre.

En los últimos años se pusieron de moda, aunque no son muy conocidas por el gran público, las mal llamadas Hipotecas Multidivisa. Un producto financiero que, muy sencillamente explicado, se comercializaban bajo el señuelo de que los tipos de interés eran mucho más bajos al contratarse en otras divisas. Fundamentalmente en Yen y Franco Suizo. Desde luego para muchos era un chollo: menos intereses, menos coste, más ahorro y menos tiempo para amortizarla. Una oferta que no podía rechazarse en esos términos.

Años después se empieza a comprobar que no era tan dulce lo que vendían en la oficina. Más bien es una pesadilla. Porque en muchas de las demandas presentadas –y ganadas por los clientes- se pueden comprobar situaciones surrealistas: gente que, después de pagar ocho, diez o doce años sin haber fallado una sola cuota, ahora deben más que al principio.

Las culpas se le pueden echar a mucha gente: a las divisas que varían su valor, al comercial, a la coyuntura económica. Pero en realidad, el problema radica en que los bancos NO Advierten conforme a las normas de buena fe y la Ley de las condiciones generales de contratación, y a la normativa que rige en los mercados financieros, etc. De hecho, los tribunales de justicia recuerdan que el pago del préstamo depende de un índice que viene reflejado en las escrituras: el LIBOR; es decir, una media del interés con el que se prestan siete bancos dinero en distintas divisas y que establecen los Martes en Londres, siete directivos entre las once y las doce de la mañana.

¿Esto qué significa? Pues que ni siquiera el empleado que nos vende el producto puede prever el resultado; por tanto, los clientes piensan que amortizan y, por culpa del Libor, se pueden encontrar con que por más cuotas que paguen, nunca van a reducir el principal. Es decir, deben más que al principio; todo ello sin olvidar las comisiones que nos van a cobrar por las distintas revisiones.

Suena a ciencia ficción, pero pasa en la realidad. Y eso que parece impensable que un banco –de forma leal y legal- pueda vender un producto hipotecario para que el que lo suscriba deba poco más o menos que su principal cuando ya casi debería tenerlo pagado.

Pero, al final, no deja de ser una perversión más del sistema, que manejan las Entidades Financieras y a su favor, donde curiosamente el órgano regulador -el Banco de España- más allá de alguna regañina no decide con eficacia. Mayores comisiones, mayores diferenciales. Y no es una afirmación gratuita. Ahí están las condenas a prisión de algunos responsables de la fijación del Libor y las multas millonarias que han pagado los bancos que representaban en el Reino Unido y en Estados Unidos.

En definitiva el ocultamiento de la realidad existía, el consentimiento era sin conocimiento de la realidad compleja y este tipo de Hipoteca salvo que algún Banco haya explicado esto (no he visto ningún caso) es un modelo que no responde a su finalidad (acercándose más a una apuesta en el Casino.

Así que si es su caso, dele una vuelta y empiece a plantearse si es necesario –o no- presentar una reclamación contra su entidad financiera y recuperar su vida.

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